Sigue esta animada charla sobre las palabras del año 2025 y por qué es importante conocerlas.

 

Hace algún tiempo en nuestro boletín hablamos de las palabras del año elegidas por instituciones de las lenguas española e inglesa, en particular. Este ejercicio social y lingüístico tiene un impacto en la reflexión educativa, considerando que la comunidad docente, los estudiantes y sus familias viven intrínsecamente involucrados con las palabras y su aprendizaje cabal en el marco de un espacio y un tiempo contemporáneos. Por ello, nos preguntamos, ¿qué significa poner bajo una luz directa estas palabras-concepto destacadas en el marco educativo? ¿Cómo pueden ayudarnos a entender nuestro entorno? ¿Qué impacto tiene que la comunidad educativa las comprenda y se aproxime al impacto verdadero que cada una de ellas tiene en la sociedad? Invitamos a la lectura del texto y a ver la forma de integrar el poder del lenguaje en la vocación didáctica de la escuela.  


 

Las palabras del año 2025

 

Sabemos que cada año, la elección de la palabra del año funciona como un termómetro social: además de tratarse de un término frecuente en el año, es una palabra que condensa debates, tensiones y preocupaciones colectivas. El recién finalizado 2025, tanto la Fundéu de la RAE,  Oxford University Press y el Macquarie Dictionary de Australia volvieron a demostrar que sus criterios van más allá de la moda lingüística y apuntan a capturar el clima cultural de nuestro tiempo.

 

En el ámbito de nuestra lengua, el español, la Fundéu eligió la palabra “arancel”, una palabra de larga tradición, desde la Edad Media, que reapareció con fuerza en el discurso público reciente tras las políticas fiscales y arancelarias de Estados Unidos contra medio mundo. La elección confirma uno de los criterios habituales de la institución hispana: no reconocer neologismos por sí mismos, sino términos cuyo uso se intensifica y se vuelve relevante en los medios. Recordemos que en 2024 se eligió “DANA” –un tecnicismo meteorológico que pasó al lenguaje cotidiano por las graves inundaciones en territorio íbero– y, en 2023, “polarización” –reflejo de un clima social cada vez más dividido y que desafortunadamente sigue su marcha.

 

La elección de “arancel” responde a esa misma lógica. En 2025, el término volvió a ocupar titulares por conflictos comerciales, políticas proteccionistas y debates sobre globalización. Fundéu suele valorar que la palabra genere dudas de uso, matices semánticos o discusiones normativas, lo que refuerza su función pedagógica: explicar bien una palabra, que se torna concepto, es también explicar la realidad que la rodea.

 

Oxford University Press, por su parte, seleccionó rage bait como Word of the Year 2025. El criterio central de Oxford se basa en el análisis de grandes corpus lingüísticos y en el aumento significativo del uso de un término, pero siempre vinculado a un fenómeno cultural reconocible. “Rage bait” no solo creció en frecuencia, sino que puso nombre a una práctica cada vez más visible en el ecosistema digital: provocar indignación para captar atención. Esta elección encaja con una línea clara en los últimos años. En 2024, Oxford eligió “brain rot”, una expresión que reflejaba la preocupación por el consumo excesivo de contenido trivial en internet. Mientras que en 2023, el término “rizz” –carisma o encanto, sustantivo coloquial– capturó la expansión de la jerga juvenil desde las redes sociales al lenguaje general. En todos los casos, Oxford privilegia palabras que nacen o se consolidan en la cultura digital y luego saltan al debate público.

 

Comparadas, las elecciones de Fundéu y Oxford muestran enfoques distintos pero complementarios. La primera tiende a fijarse en palabras ya existentes que adquieren un nuevo peso social, mientras que la segunda suele destacar expresiones emergentes que revelan cambios en la comunicación, especialmente en entornos digitales. Ambas instituciones, sin embargo, coinciden en algo esencial: la palabra elegida debe decir algo relevante sobre el año que termina.

 

En 2025, el Macquarie Dictionary de Australia eligió “AI slop” como su palabra del año, un término que resume las preocupaciones crecientes sobre la proliferación de contenido generado por inteligencia artificial que carece de rigor, originalidad o valor real. Esta expresión combina AI (inteligencia artificial) con slop (algo de mala calidad o poco refinado) para describir textos, imágenes o productos que, aunque técnicamente correctos, resultan repetitivos, superficiales o sin sustancia. A diferencia de otras elecciones que destacan neologismos populares o fenómenos culturales, el criterio de Macquarie apunta a capturar la tensión entre la expansión tecnológica y la calidad de la comunicación: “AI slop” además de haber sido recurrente en discusiones académicas y mediáticas, abrió el debate sobre cómo distinguir entre producción automatizada útil y saturación de contenido vacío, marcando así un hito en la reflexión lingüística y social del año.

 

En 2025, esa relevancia se manifestó desde tres miradas complementarias. Para la Fundéu, “arancel” puso el acento en la economía real: fronteras, comercio internacional y decisiones políticas con efectos directos en el bolsillo y en el debate público. Oxford University Press, en cambio, eligió “rage bait” para señalar una dinámica propia del ecosistema digital, donde la indignación se convierte en estrategia y la atención en moneda. El Macquarie Dictionary sumó una tercera capa con “AI slop”, un término crítico que reflejó la inquietud ante la saturación de contenidos generados por inteligencia artificial sin calidad ni propósito claro. Tres palabras distintas para tres planos –económico, comunicativo y tecnológico– de una misma realidad global.

 

Más allá del titular anual, estas elecciones construyen una narrativa de largo recorrido. Observadas en conjunto con las de años anteriores –como “polarización”, “DANA”, “brain rot” o “rizz”– dibujan un mapa coherente de preocupaciones contemporáneas: conflicto social, impacto climático, sobreinformación, emociones extremas y adaptación a tecnologías disruptivas. La palabra del año no clausura un debate, sino que lo inaugura, recordándonos que el lenguaje no solo registra lo que ocurre, sino que nos ofrece claves para interpretar el mundo que habitamos.


 

Coda: rumbo a una didáctica significativa

 

A partir de la lectura de los párrafos antecedentes, planteamos estas pocas preguntas para la reflexión proactiva, acompañadas de algunas orientaciones para conducirnos en su reflexión, todo pensado para el mundo de la educación básica que habitamos, con un enfoque didáctico, formativo y contextual, que pueden adaptarse a distintos fases y grados, campos formativos y disciplinas (lenguajes, ciencias y saberes, formación cívica, tutoría, etc.), dentro y fuera del salón de clases, entre colegas y con los estudiantes.

 

  1. ¿Por qué crees que algunas palabras se vuelven más importantes que otras en determinados momentos de la historia? → Invita a reflexionar sobre la relación entre lenguaje, contexto social y acontecimientos actuales.
  2. ¿Qué nos dicen palabras como “arancel”, “rage bait” o “AI slop” sobre la forma en que vivimos, nos informamos y nos relacionamos hoy? → Ayuda a conectar vocabulario con experiencias cotidianas del alumnado y su entorno familiar.
  3. ¿Cómo influye el uso de ciertas palabras en la manera en que entendemos noticias, redes sociales o conversaciones en casa y en la escuela? → Favorece el pensamiento crítico frente a los medios y la comunicación digital.
  4. ¿De qué manera comprender bien el significado de una palabra puede cambiar nuestra opinión o nuestras decisiones? → Refuerza la importancia de la precisión lingüística y la comprensión lectora.
  5. ¿Qué responsabilidad tenemos, como docentes y estudiantes, al usar palabras que pueden generar conflicto, desinformación o emociones intensas? → Vincula lenguaje, ética y convivencia escolar.
  6. Si tuvieras que elegir una “palabra del año” para tu escuela o tu comunidad, ¿cuál sería y por qué? → Promueve la expresión oral y escrita, además de la observación del entorno cercano.
  7. ¿Cómo puede la escuela ayudar a distinguir entre información valiosa y contenidos que sólo buscan llamar la atención o confundir? → Integra alfabetización crítica, mediática y digital desde edades tempranas.
  8. ¿Por qué aprender palabras nuevas no es sólo aprender vocabulario, sino también aprender a entender mejor el mundo? → Cierra la reflexión conectando lenguaje, aprendizaje y ciudadanía.

 

* Francisco Vásquez Ponce es licenciado en letras hispánicas y doctor en literatura, teoría y crítica literarias. Editor con más de 30 años de experiencia en libros educativos, técnicos y literarios; ha pasado de la hechura de libros en papel a textos en línea, de la lectura de manuscritos a publicaciones de libros digitales. Actualmente tiene en elaboración un libro narrativo sobre un joven aspirante a crítico literario, profesión imposible aunque deseable.  

 

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