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Los premios Nobel entran al aula

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Los premios Nobel entran al aula

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Francisco Vásquez Ponce* | Red Magisterial
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Una serie de puntos dibujados en el pizarrón puede abrir una pregunta sobre una partícula que nadie vio. Dos manos ilustradas en el cuaderno, provocan una conversación sobre moléculas en espejo. La lectura de un mito antiguo, una discusión sobre cómo vivimos una historia con el paso del tiempo. Así pueden acercarse los premios Nobel a la escuela: más como preguntas que invitan a observar, interpretar y debatir que como una lista simple de nombres o descubrimientos difíciles.

La pregunta que abre el Nobel de Física es casi detectivesca: ¿cómo sabemos que algo existe si no podemos verlo directamente? Francis Halzen, el científico Belga-estadounidense, fue reconocido por sus contribuciones decisivas al observatorio IceCube (no confundir con el rapero angelino) y al descubrimiento de neutrinos de alta energía procedentes del cosmos. Los neutrinos son partículas sin carga eléctrica que casi no interactúan con la materia; el IceCube, instalado en el hielo antártico, registra señales de luz que aparecen cuando alguno interactúa. La pregunta a responder es:

  • ¿Qué indicios nos permiten saber que algo pasó aunque no lo hayamos visto?

En el aula, una cuadrícula con puntos registrados en cierto orden puede ayudar a distinguir entre lo que se observa y lo que se deduce que pasó a partir de ciertos indicios.

En Fisiología o Medicina, la pista está en una proteína sensible a la luz, hallada en un alga. Karl Deisseroth (estadounidense), Peter Hegemann y Georg Nagel (alemanes) recibieron el premio por sus descubrimientos sobre canales iónicos activados por la luz y optogenética. Esta técnica usa proteínas sensibles a la luz para activar o inhibir neuronas seleccionadas y estudiar la actividad del cerebro.

  • Es decir, ¿la luz puede funcionar como un interruptor para estudiar ciertas células?

Para niñas y niños, puede ser una entrada al tema de los estímulos y las respuestas; con adolescentes, permite preguntar cómo investigamos procesos que ocurren dentro del cerebro y qué podemos aprender al observar la actividad de células nerviosas.

El Nobel de Química también parte de una imagen sencilla: nuestras manos son parecidas, pero una no puede superponerse exactamente sobre la otra. Algunas moléculas tienen esas dos formas “en espejo”. Henri B. Kagan (francés) y Kenso Soai (japonés) fueron reconocidos por sus hallazgos sobre efectos no lineales y autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica: procesos que pueden favorecer la formación de una forma molecular sobre la otra.

  • Aunque los conceptos científicos son complejos, con recortes de papel, el grupo puede comparar formas especulares (en espejo) y preguntarse por qué la estructura importa en los seres vivos y en el diseño de medicamentos.

La literatura nos lleva de las moléculas a los relatos que atraviesan los siglos. La canadiense Anne Carson recibió el Nobel por una obra que dialoga con la tradición clásica y crea nuevas formas para la literatura contemporánea. Entonces la pregunta de fondo es:

  • ¿Qué cambia cuando una nueva sociedad en una nueva época vuelve a contarse a sí misma un mito antiguo?

En la escuela, ese diálogo puede explorarse al comparar un mito antiguo con una traducción, adaptación o reescritura actual: ¿qué se conserva?, ¿qué cambia?, ¿quién cuenta ahora la historia? Leer o releer un clásico consiste en interpretarlo desde preguntas y sensibilidades de nuestro presente.

Es curioso que el Nobel más conflictivo sea el de la Paz. En esta ocasión, abre una nueva conversación: ¿qué reglas ayudan a proteger a las personas cuando hay conflictos, a veces entre países o dentro de ellos? La abogada sudafricana Navi Pillay fue reconocida por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional. La motivación del Comité destaca su contribución a que crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio puedan ser perseguidos. En clase, el tema permite hablar de derechos humanos, justicia y responsabilidad y tratar de responder a la cuestión de:

  • ¿Qué reglas pueden proteger a las personas durante un conflicto cualquiera (interpersonal, entre escuela y familia, entre estudiantes o docentes)? ¿Y por qué hacen falta normas compartidas para evitar que los abusos queden sin solución o impunes?

Por último, el premio de Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel reconoció a los estadounidenses Robert E. Hall y Michael Woodford por establecer fundamentos microeconómicos para la estabilización macroeconómica. Dicho de manera sencilla, sus modelos ayudan a entender cómo las decisiones de hogares y empresas se relacionan con fenómenos generales como el empleo, el crecimiento y la inflación, y cómo ciertas políticas económicas pueden reducir las fluctuaciones. En la escuela, cabe preguntarnos:

  • ¿Una conversación sobre el precio de los productos, el empleo, el gasto o el presupuesto familiar permite acercarnos a las conexiones entre las economías micro y macro?

Sin ánimo de convertir la clase en una lección técnica de economía, vale la pena aprender los principios de la disciplina económica, evitando desviarse a impresiones sociales subjetivas o de opiniones sólo particulares.

  • Estos reconocimientos ofrecen seis puertas de entrada a la curiosidad. No hace falta reproducir en la escuela un observatorio bajo el hielo ni enseñar toda la química de una reacción: basta con plantear una pregunta adecuada, proponer un modelo o una lectura y acompañar al alumnado para que explique qué evidencia encuentra y qué puede concluir. En primaria pueden predominar la observación, los dibujos, los objetos y los relatos; en secundaria, el análisis de datos, la comparación de explicaciones y la argumentación. Así, los Nobel dejan de ser noticias lejanas y se convierten en oportunidades para conectar saberes con preguntas del mundo.

El mayor legado de estos premios puede comenzar con una pregunta que siga resonando al salir del aula:

  • ¿Qué nos falta por comprender de la ciencia?
  • ¿Qué otra interpretación cultural es posible?
  • ¿Cómo podemos cuidar mejor la vida social que tenemos en común?

Cuando estudiantes y docentes se permiten preguntar, buscar evidencias, leer con atención y conversar, la ciencia, la literatura y la reflexión social se vuelven parte de una misma aventura. Cultivar esa curiosidad compartida es abrir caminos para aprender durante toda la vida.