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¿Seguro que pasó así? El extraño caso de los falsos recuerdos

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¿Seguro que pasó así? El extraño caso de los falsos recuerdos

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Susana Celia Garduño Soto | Red Magisterial
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Una oportunidad para fortalecer el pensamiento crítico en la escuela

¿Recuerdas haber aprendido que Galileo subió a la Torre Inclinada de Pisa para dejar caer dos esferas de distinto peso? Lo más probable es que sí. Incluso muchas personas podrían describir la escena con lujo de detalle: Galileo en la parte más alta de la torre, una multitud observando y dos esferas que llegan al suelo al mismo tiempo.

Ahora viene la sorpresa: no existen pruebas históricas de que ese famoso experimento público haya ocurrido de esa manera.

Si este dato te sorprendió, no estás solo. Precisamente ahí comienza una de las historias más interesantes sobre el funcionamiento de la memoria humana.

A lo largo de nuestra vida acumulamos miles de recuerdos. Confiamos en ellos para explicar el pasado, tomar decisiones o enseñar a nuestros alumnos. Sin embargo, la memoria no funciona como una cámara de video que registra los acontecimientos de manera exacta. Cada vez que recordamos algo, nuestro cerebro reconstruye ese recuerdo utilizando experiencias, conocimientos previos, emociones e información que hemos recibido de otras personas o de los medios de comunicación. En ocasiones, esa reconstrucción resulta tan convincente que terminamos recordando como verdadero algo que, en realidad, nunca ocurrió.

A este fenómeno podemos llamarlo falla de la memoria colectiva. Ocurre cuando muchas personas comparten el mismo recuerdo equivocado y están convencidas de que sucedió tal como lo recuerdan. Nadie intenta engañar a los demás; simplemente, todos reconstruyen el recuerdo de una manera muy parecida.

Para quienes trabajamos en educación, comprender este fenómeno representa una magnífica oportunidad. En una época en la que niñas, niños y adolescentes reciben información desde buscadores, redes sociales, plataformas de video e inteligencia artificial, enseñar a verificar la información antes de aceptarla como verdadera resulta tan importante como enseñar cualquier contenido del currículo.

Una historia que casi todos recordamos

La historia de Galileo es un excelente ejemplo.

Durante años ha aparecido en libros, ilustraciones, programas de televisión y materiales didácticos. La escena es tan clara que parece imposible ponerla en duda.

Sin embargo, los historiadores de la ciencia coinciden en que no existen documentos escritos por Galileo ni testimonios contemporáneos que describan ese experimento público. La historia apareció años después en la biografía escrita por su discípulo Vincenzo Viviani y, actualmente, se considera mucho más probable que Galileo realizara sus investigaciones mediante experimentos con planos inclinados y mediciones cuidadosamente controladas.

¿Por qué entonces millones de personas estamos convencidas de recordar esa escena?

Porque nuestro cerebro recuerda mejor las historias sencillas, visuales y emocionantes que las explicaciones largas y complejas.

Este ejemplo constituye una excelente oportunidad para mostrar a los estudiantes que incluso los conocimientos más populares pueden revisarse a la luz de nuevas evidencias.

La escuela también construye recuerdos

Muchos de nuestros recuerdos se forman gracias a las historias que escuchamos en casa, las imágenes de los libros de texto, las películas, los documentales y las explicaciones de nuestros maestros.

Eso no significa que la escuela transmita información falsa. Significa que el conocimiento evoluciona. Conforme avanzan la investigación científica y los estudios históricos, algunas explicaciones se enriquecen o se corrigen.

Comprender este proceso ayuda a que los estudiantes desarrollen una actitud abierta hacia el conocimiento y comprendan que aprender también implica revisar nuestras propias ideas cuando aparecen mejores evidencias.

Cuando la historia se convierte en símbolo

La historia de México ofrece ejemplos muy interesantes de cómo un relato puede transformarse en un falso recuerdo compartido.

Durante generaciones, millones de estudiantes aprendieron que Juan Escutia se envolvió en la bandera nacional antes de lanzarse desde el Castillo de Chapultepec y que El Pípila incendió la puerta de la Alhóndiga de Granaditas protegido por una enorme losa de piedra. Ambos relatos forman parte de nuestra memoria colectiva; sin embargo, historiadores como Alejandro Rosas, nos dicen múltiples razones por las que es imposible que Juan Escutia se lanzara al vacío envuelto en la bandera mexicana; por su parte Carlos Herrejón Peredo en su obra, La ruta de Hidalgo, nos expone que no fue uno, en realidad fueron varios los insurgentes y mineros que se lanzaron a prender la puerta, de modo que, la figura del "Pípila", es una personificación posterior que buscó englobar el sacrificio colectivo de la población y los mineros de Guanajuato.

Lejos de disminuir la importancia de estos personajes, estos casos permiten explicar a los alumnos que las sociedades también construyen símbolos para representar valores como el patriotismo, el valor y el compromiso con la comunidad. Aprender a distinguir entre el símbolo y el hecho documentado fortalece el pensamiento crítico sin debilitar el aprecio por nuestra historia.

Una imagen que varias generaciones hicieron suya

Pocas ilustraciones despiertan tanta nostalgia entre los docentes mexicanos como La Patria, de Jorge González Camarena. Basta verla para que muchas personas recuerden inmediatamente sus años de primaria.

Con el paso del tiempo surgieron diversas historias sobre esta obra pictórica: algunos creyeron que la mujer que aparece en la célebre imagen era una maestra mexicana rural de la época, otros dijeron que era una imagen totalmente fabricada por el gobierno mexicano, pero lo que pocos sabían es que, en realidad, fue la modelo Victoria Dorantes quien en verdad posó para la pintura de González Camarena. Esta pintura tuvo distintos usos editoriales y su enorme presencia en los libros de texto hizo que los recuerdos de varias generaciones terminaran mezclándose hasta construir nuevas versiones de una misma historia.

La mejor herramienta contra la desinformación

Las fallas de la memoria colectiva representan una oportunidad extraordinaria para desarrollar el pensamiento crítico.

Cada vez que un estudiante encuentra una noticia sorprendente, una fotografía impactante o una frase atribuida a un personaje famoso, podemos invitarlo a formular preguntas sencillas:

  • ¿Quién publicó esta información?
  • ¿Cuál es la fuente original?
  • ¿Qué otras fuentes confiables dicen lo mismo?
  • ¿Existe evidencia que respalde esta afirmación?

Estas preguntas ayudan a comprender que recordar algo con mucha seguridad no siempre significa que sea verdadero. Más importante que memorizar respuestas es aprender a investigar, comparar fuentes y construir conclusiones sustentadas en evidencias.

Las herramientas para verificar si una fuente de información es legítima también se pueden encontrar en línea.

  • Búsqueda Inversa de Imágenes de Google:
    • Te ayuda a saber si una foto es real o vieja.
    • Sube la imagen a Google Imágenes (tocando el ícono de la cámara).
    • Google te mostrará en qué páginas web apareció antes esa foto. Así descubres si una foto de una inundación actual en México en realidad es una foto de Asia de hace cinco años.
  • Google Lens:
    • Ideal para usar desde el celular.
    • Escanea cualquier imagen, cartel o texto en la calle o en tu pantalla.
    • Te dice de dónde salió la información o qué producto u obra de arte real estás viendo.
  • InVID / WeVerify (Para videos):
    • Es una extensión gratuita para el navegador de tu computadora.
    • Te permite fragmentar un video sospechoso en varias imágenes para luego hacerles una búsqueda inversa. Es la mejor herramienta para detectar videos falsos o sacados de contexto.

Educar para verificar, no sólo para recordar

Hoy, más que nunca, la escuela tiene el desafío de formar estudiantes capaces de desenvolverse en un entorno donde la información circula de manera constante y a gran velocidad. Las redes sociales, los videos, los buscadores y las herramientas de inteligencia artificial ponen al alcance de cualquiera una enorme cantidad de contenidos, pero no todos son precisos ni confiables.

Por ello, una de las tareas más importantes del docente consiste en enseñar que recordar algo con mucha seguridad no garantiza que sea verdadero. Aprender implica hacerse preguntas, contrastar distintas fuentes y aceptar que nuestras ideas pueden cambiar cuando encontramos otras evidencias.

El pensamiento crítico, por otra parte, no consiste en desconfiar de todo, sino en aprender a formular buenas preguntas y buscar respuestas fundamentadas. Quizá esa sea una de las enseñanzas más valiosas que podemos ofrecer desde la escuela: confiar en la memoria es importante, pero verificarla lo es aún más. Cuando enseñamos a nuestras alumnas y alumnos a verificar antes de creer y a comprobar antes de compartir, les proporcionamos una herramienta que los acompañará durante toda la vida.

 

Referencias

https://psicologiaymente.com/inteligencia/efecto-mandela

https://theconversation.com/el-experimento-mas-famoso-de-galileo-probablemente-nunca-tuvo-lugar-111650

https://www.youtube.com/watch?v=U340jq9UEUA&t=119s

https://www.youtube.com/watch?v=e8V9TBNFeJA

https://www.inehrm.gob.mx/work/models/inehrm/Resource/439/1/images/la%20_ruta.pdf

https://noticias.imer.mx/blog/el-pipila-un-simbolo-a-debate/

https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/victoria-dorantes-sosa-la-imagen-mas-recordada-de-la-patria

https://images.google.com/

https://lens.google/

https://www.invid-project.eu/